Space Jam- El Juego Del Siglo Info

Es ridículo. Es absurdo. Es perfecto.

La secuela, Space Jam: A New Legacy (2021), lo intentó. Tenía a LeBron James, tecnología de punta y un cameo de Don Cheadle. Pero le faltó el corazón. Le faltó la "suciedad" del 2D. Le faltó esa sensación de que, por un momento, un dios del deporte podía jugar a la pelota con un conejo y que todo estuviera bien en el mundo. Si ves Space Jam: El juego del siglo hoy, notarás los greenscreens defectuosos, las líneas de diálogo robóticas de Jordan y un ritmo narrativo que parece escrito sobre una servilleta. Pero si la ves con los ojos de un niño de 8 años que desayunó Cerez del Lago viendo dibujos animados, sigue siendo un slam dunk .

Representa un momento en que las marcas, el deporte y la animación chocaron sin vergüenza. Michael Jordan estaba en la cima del mundo, los Looney Tunes eran íconos centenarios, y la NBA era un producto global. La película es esencialmente un comercial de 90 minutos de Nike, McDonald's y la Warner Bros., y nos encanta. Space Jam- El juego del siglo

Luego está la banda sonora. No se puede hablar de Space Jam sin mencionar la música. El tema principal de Quad City DJ’s, "Space Jam" , es un himno. Ese bajo, ese "Everybody get up, it's time to slam now"... instantáneamente te transportas a una pista de patinaje sobre ruedas en 1997. Y luego tienes a R. Kelly con "I Believe I Can Fly" , una balada que no tiene nada que ver con dibujos animados jugando baloncesto, pero que de alguna manera funciona como el himno motivacional más grande de la década. Lo bueno: La animación. Aunque hoy en día la veamos un poco granulada, en 1996, mezclar acción real con 2D era brujería. Los personajes interactúan con las sombras, tocan objetos reales y reflejan luces. Cuando Michael Jordan le da la mano a Bugs Bunny, la ilusión es casi perfecta. Además, la química entre Jordan y los dibujos es genuina. Jordan no es actor, y se nota, pero su torpeza natural lo hace más entrañable.

Así que ya sabes. La próxima vez que veas un par de zapatillas Air Jordan, recuerda: no son solo zapatos. Son un billete de ida a Moron Mountain. Es ridículo

La subtrama humana. Todo lo que pasa fuera del mundo de los Looney Tunes (la familia de Jordan, el mánager Stan Podolak interpretado por Wayne Knight, las negociaciones con la NBA) envejeció como la leche. Son escenas largas, aburridas y que frenan el ritmo de la locura animada. Queremos ver al Pato Lucas morderle la pierna a Michael Jordan, no ver a Michael hablar con su agente sobre cláusulas de contrato.

El Pato Lucas está particularmente ácido. Su frase "¿Estás diciendo que no soy gracioso? ¡Yo soy graciosísimo! ¡Soy el pato más gracioso del mundo!" mientras golpea a Jordan con una silla es un momento de comedia pura. Y el Gato Silvestre, eterno incomprendido, tiene su momento de gloria al final: "¡Lo logré, pajarito!" (spoiler: no lo logra). La secuela, Space Jam: A New Legacy (2021), lo intentó

Pero Piolín y compañía son más astutos de lo que parecen. Retan a los pequeños alienígenas a un partido de baloncesto para decidir su destino. Los Nerdlucks, al darse cuenta de que son demasiado pequeños, regresan a la Tierra y roban los talentos de cinco estrellas de la NBA: Patrick Ewing, Charles Barkley, Muggsy Bogues, Larry Johnson y Shawn Bradley.

¿La recomiendo? Absolutamente. Es una cápsula del tiempo. Es la prueba de que el baloncesto puede ser magia. Y es, sin ninguna duda, la mejor película donde un atleta real pelea contra aliens mientras Bill Murray reparte chistes malos.

Para toda una generación (la famosa Generación X tardía y los Millennials tempranos), Space Jam no fue solo una película. Fue un evento. Fue el primer cruce entre el mundo real y el dibujo animado que se sintió grande . No era Roger Rabbit escondiéndose en un callejón; era el mejor jugador de baloncesto del planeta enfrentándose a marcianos verdes en un partido de altas apuestas.